Atención, comunidad tragona! Si hay una fecha que debemos marcar en el calendario con salsa y queso, es el 7 de febrero, el Día Nacional del Fetuccine Aunque no sabemos con exactitud por qué se eligió este día, el registro más antiguo nos lleva a un artículo del Akron Beacon Journal de enero de 2005, que luego fue replicado por periódicos de todo Estados Unidos. Curiosamente, nadie explicó nunca su origen o por qué celebramos en esta fecha, pero ¿quién necesita excusas para comer pasta?.
Un correo con sabor a historia
Hace poco recibí un mensaje que me emocionó: un correo de Inés Di Lelio. En él, me compartió la historia real de su abuelo, Alfredo Di Lelio, el genio detrás de los mundialmente famosos « Fetuccine all’Alfredo «. Aquí les cuento el origen de este mito gastronómico.
De la Trattoria de mamá al éxito mundial
Alfredo nació en Roma en 1883 y desde niño aprendió los secretos de la cocina en la pequeña trattoria de su madre, Angelina, en la antigua Piazza Rosa. Pero el año que cambió su vida —y nuestros paladares— fue 1908. Ese año nació su hijo Armando y, casi al mismo tiempo, nacieron sus icónicos Fetuccine.
Lo más tierno de esta historia es que el plato fue un acto de amor. Tras dar a luz, su esposa Inés estaba muy débil, así que Alfredo decidió crear un «reconstituyente natural». Con sus propias manos, mezcló pasta de sémola con mantequilla fresca y una generosa cantidad de queso parmesano.
Se dice que, tras encomendarse a Santa Ana (patrona de las parturientas), le sirvió el plato a su mujer diciéndole: «¡Si no te gustan, me los comeré yo!»
Por suerte para el mundo, ¡le encantaron!. Alfredo se convirtió en un personaje icónico: un hombre de «mostacho estilo Umberto» y manos curtidas de tanto mezclar pasta frente a sus clientes
El toque de Hollywood y los cubiertos de oro
En 1914, Alfredo abrió su propio restaurante en la Via della Scrofa. Fue allí donde, en 1927, recibió a la realeza de Hollywood: Douglas Fairbanks y Mary Pickford. Los actores quedaron tan maravillados durante su luna de miel que le regalaron un tenedor y una cuchara de oro macizo.
Los cubiertos tenían una dedicatoria grabada: «A Alfredo, el Rey de los fideos». Desde entonces, la tradición dicta servir los Fettuccine con estos famosos cubiertos de oro ante los comensales más ilustres.

Un legado que vive en Roma
Aunque Alfredo vendió su local original en 1943, su retiro fue breve. En 1950, regresó a las canchas junto a su hijo Armando para abrir «Il Vero Alfredo» (El Verdadero Alfredo) en la Piazza Augusto Imperatore.
Hoy en día, el restaurante es considerado una «Tienda Histórica de Excelencia» en Roma. Es un lugar de peregrinación para turistas de todo el mundo que buscan probar la receta original de Fetuccine «doble mantequilla» y continuar una tradición familiar que ya va por la tercera generación.

¡A celebrar como se debe!
Ahora que ya conoces la historia detrás del bigote y el oro, no podemos dejar pasar el 7 de febrero como si fuera un día cualquiera. Alfredo inventó este plato para restaurar el cuerpo y el alma, y esa es la mejor filosofía para cualquier Tragón.
¿Cómo puedes unirte a la fiesta?
- Prepáralos en casa: Solo necesitas pasta Fetuccine de calidad, la mejor mantequilla que encuentres y mucho, mucho parmesano. ¡Recuerda mezclar con energía!
- Visita tu trattoria favorita: Busca un lugar que respete la tradición y brinda por el gran Alfredo.
- Comparte tu foto: Etiquétame en tus redes como @diariotragon y usando el hashtag #DiarioTragon para ver esos platos humeantes.



