ay destinos que se conocen por su arquitectura, sus paisajes, sus raíces o por la calidez de su gente. Y luego está Jalisco, que tiene todo eso… pero además posee un ingrediente que nos encanta: ¡una gastronomía que también se bebe!
Porque si algo sabe hacer Jalisco es convertir sus ingredientes, sus tradiciones y hasta sus historias en bebidas capaces de conquistar hasta al más sediento. Aquí nació el destilado nacional por excelencia, el tequila, pero también tenemos otra joyita con denominación de origen: la raicilla.
A esto súmale maíz, frutas, agave, piloncillo, cítricos y uno que otro ingrediente secreto —o no tan secreto— y tendrás una deliciosa colección de bebidas que forman parte de la identidad jalisciense.
Así que, para estos días de calor, nada mejor que salir a conocer Jalisco y refrescarse con alguna de sus bebidas tradicionales. Hay opciones con alcohol, sin alcohol, dulces, ácidas, picositas, cremosas y hasta aquellas que llegan en un jarrito, una bolsa o directamente desde el campo.
¡Aquí hay para todos los gustos y para todos los Tragones!
Tejuino: maíz que se bebe bien frío

Comenzamos con un clásico que sabe a calle, a tradición y a tarde calurosa: el tejuino.
Esta bebida se prepara a partir de maíz fermentado y piloncillo, al que se agrega jugo de limón natural y sal en grano. El resultado es una combinación dulce, refrescante y ligeramente ácida que, servida bien fría, es una verdadera maravilla.
Y si quieres llevar la experiencia al siguiente nivel, puedes agregarle una bola de nieve de limón. Sí, así como lo lees: bebida y nieve en el mismo vaso. ¿Quién dijo que no se podía jugar con las reglas?
Disfrútalo mientras recorres las calles de Guadalajara, descubriendo sus rincones y secretos, o date una vuelta por Tlaquepaque, donde también es fácil encontrarlo.
Cazuelas: cuando el tequila se pone cítrico

Si lo tuyo es algo más espirituoso, las cazuelas son una excelente opción. Se preparan con tequila, refresco de toronja, naranja y limón, creando una bebida fresca, cítrica y perfecta para acompañar unos buenos antojitos mexicanos o, por supuesto, una carne asada.
Y hay algo que me encanta de ellas: se disfrutan sin prisas. Así que toma una, siéntate y déjate llevar por el ambiente de Tlaquepaque, entre calles adoquinadas, andadores, artesanías y ese ambiente colonial que hace que hasta el tequila se sienta más elegante.
Cantaritos: tequila con sabor a fiesta

Hablar de bebidas jaliscienses y no mencionar los cantaritos sería casi un pecado gastronómico. Esta bebida, preparada con tequila, jugo de naranja, toronja y limón, refresco de toronja y un toque de sal, se sirve tradicionalmente en pequeños jarritos de barro rojo.
Y aquí es donde podemos ponernos creativos: el borde del jarrito puede llevar chamoy, chile piquín o sal, además de una rodaja de naranja. ¿El resultado? Una bebida fresca, cítrica, picosita y con muchísimo carácter.
Para vivir la experiencia completa, nada como visitar Amatitán y Tequila, recorrer los campos de agave azul y conocer algunas de las destilerías más antiguas de la región. Porque sí… el tequila sabe todavía mejor cuando viene acompañado de paisaje.
Lechuguilla: tradición que también se disfruta sin alcohol

No todas las bebidas tradicionales de Jalisco necesitan tequila para ponerse interesantes.
La lechuguilla es un fermentado sin alcohol de producción artesanal que se prepara con agua purificada, fermento de maguey de lechuguilla y azúcar refinada. La mezcla se deja reposar durante algunos días para que ocurra la fermentación y después se envasa.
Y hay sabores para echarse un buen clavado: natural, coco, naranja, fresa, manzana, uva, piña, mandarina, chicle y muchos más. Es especialmente común encontrarla en municipios del sur de Jalisco, en la región de la Sierra de Amula, donde esta bebida forma parte de las tradiciones locales.
Ponche de granada: ácido, dulce y muy jalisciense

Si hay una bebida que sabe a tradición artesanal, es el ponche de granada. Se prepara con jugo de granadas agrias, azúcar, un poco de agua y tequila o mezcal. Después comienza un proceso de fermentación que le da ese carácter tan particular.
Su sabor es ligeramente ácido, dulce y refrescante cuando se sirve frío. Y como sucede con muchas preparaciones artesanales, cada lugar puede tener su propia manera de hacerlo. Puedes disfrutarlo mientras escuchas alguna leyenda en Sayula, o durante una escapada por los bosques, lagunas y valles de Tapalpa, Zacoalco o Tuxpan.
Escamocha: fruta, chamoy y felicidad

Ahora sí, vámonos con una bebida que también puede funcionar perfectamente como postre. La escamocha se prepara con una mezcla de frutas tropicales cortadas en cubitos: piña, sandía, melón, papaya, fresas, plátano, naranja y jícama, entre otras.
Después se agrega jugo de naranja, limón y granadina, además de sal y chile piquín o chamoy para darle ese toque dulce, ácido y picosito que tanto nos gusta. ¿Es bebida? Sí. ¿Es postre? También. ¿Es una excusa perfecta para comer fruta bañada en chamoy? ¡Absolutamente!
Vampiros: una bebida con colmillos

Y llegamos a una de las bebidas más famosas y divertidas de Jalisco: el vampiro. Se prepara con jugo de limón y naranja, refresco de toronja, sal, tequila y sangrita casera, esa deliciosa mezcla que puede llevar jugo de naranja y jitomate, chile, limón, sal y salsa picante.
El resultado es un cóctel fresco, cítrico y con ese golpe picosito que despierta hasta al más dormido. Además, tradicionalmente se sirve en una bolsa con popote. Sí, una bolsa. Porque aquí la elegancia se mide de otra manera.
Los puedes encontrar en San Luis Soyatlán, en el municipio de Tuxcueca, Jalisco, donde forman parte de toda una tradición. Y si no tomas alcohol, también existen versiones sin él. Así que no hay pretexto.
Pajarete: del campo directo al vaso

Y ahora sí… una bebida que es mucho más que una bebida. El pajarete forma parte de la cultura del campo jalisciense y tradicionalmente se disfruta por las mañanas en algunas rancherías del interior del estado.
La preparación parte de leche bronca recién ordeñada, a la que se incorporan ingredientes como chocolate, café, azúcar y alcohol de caña. La leche, todavía tibia, se convierte prácticamente en un espumador natural al mezclarse con los demás ingredientes, creando una bebida cremosa, espumosa y reconfortante.
Es de esas experiencias que difícilmente se entienden sólo leyendo sobre ellas. Hay que vivirlas. Así que, si tienes oportunidad, disfruta un pajarete del campo a la mesa, en alguna de las rancherías del interior de Jalisco.
Jalisco también se bebe
Cada una de estas bebidas cuenta una historia.
En algunas encontramos el maíz y la herencia indígena; en otras, el agave y la tradición de los destilados. También están las frutas, los fermentos, los ingredientes del campo y esas combinaciones que han pasado de generación en generación.
Porque la gastronomía de Jalisco no solamente se come: también se bebe, se comparte y se disfruta.
Así que la próxima vez que visites Guadalajara, Tlaquepaque, Tequila, Amatitán, Sayula, Tapalpa, Tuxpan o cualquiera de los rincones de este enorme y sabroso estado, date permiso de probar algo diferente.
Un tejuino bien frío, un cantarito, un vampiro picosito, una escamocha o un buen pajarete pueden convertirse en mucho más que una bebida: pueden ser el pretexto perfecto para conocer una parte de la historia y las tradiciones de Jalisco.
Porque aquí, queridos Tragones y Tragonesas, hasta la sed tiene sabor.
Porque… Yo soy Tragón, ¿y tú?
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